lunes, 15 de julio de 2013

Concepto de negocio y negocio jurídico



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La palabra negociar deriva del latín negotiari, que significa: dedicarse a negocios, realizar operaciones con un valor bancario o de bolsa, también, hablar unas personas con otras para la resolución de un asunto; denota la idea de "gestión de asuntos importantes". Dícese de la función que ejercen los diplomáticos a través de sus agentes, para celebrar convenios o tratados. Son vocablos sinónimos: "comerciar, discutir, mercar, tratar".


- El negocio jurídico


El negocio jurídico se sitúa en el centro de la autonomía privada, mediante la cual los particulares instauran relaciones jurídicas conformadas a la medida de su voluntad. Ése se ubica en el hecho procedente de la voluntad humana, del cual surgen "manifestaciones de un poder de autonomía", consistente en la potestad de darse un ordenamiento jurídico. Es decir, la voluntad libre el individuo extrae de ella misma su fuerza creadora de obligaciones, es al mismo tiempo el "fundamento y la justificación de la fuerza obligatoria del contrato".

+ ¿Qué debe entenderse por negocio jurídico?


Por más de dos siglos, los escritores de la ciencia jurídica han profundizado en la teoría del negocio jurídico. Para Giuseppe Stolfi, el negocio jurídico es la "manifestación de voluntad de una o más partes con el objeto de producir un efecto jurídico". Según este teoría, el negocio jurídico consiste esencialmente en una declaración de voluntad encaminada a producir un efecto jurídico tutelado por el ordenamiento. F. Savigny desarrolló esta idea, en la que debían entenderse por "negocios o declaraciones de voluntad, aquellos hechos jurídicos que no sólo constituían actos libres", que a la luz de la experiencia doctrinal se manifiestan en el querer interno que prevalece sobre la declaración en caso de divergencia, y la voluntad como fuerza intrínseca de los propios efectos jurídicos. Las leyes establecen declaraciones de voluntad, como causa de los efectos negociales, pero reconocen, al mismo tiempo, que la voluntad produce, a diferencia de los otros hechos jurídicos, una influencia determinante sobre los efectos. La declaración de voluntad es concebida como "una norma o fuente de derecho".

En opinión de Luigi Cariota Ferrara, el negocio jurídico se puede definir como la manifestación de voluntad dirigida a un fin práctica tutelado por el ordenamiento jurídico, quien cuida la responsabilidad del sujeto o los sujetos. Son las leyes quienes dotan de eficacia a la voluntad del hombre. Puede decirse que es la Ley quien autoriza la autonomía privada haciendo posible que el negocio produzca efectos jurídicos, proveyéndolo de eficacia. En el mismo sentido, Renato Scognamiglio expresa: "el negocio jurídico es el acto de autorregulación de los intereses privados jurídicamente relevantes".

Algunos autores, al definir el negocio, hacen mayor énfasis en los efectos que produce, tal es el caso de Vittorio Scialoja, quien lo considera "una declaración privada de voluntad con la intención de producir efectos jurídicos". Para Alfonso Tesauro, es "aquella particular manifestación de voluntad a la cual son atribuidos efectos jurídicos". De igual manera, Bernard Windscheid, señala que "el negocio jurídico es una declaración de voluntad privada cuyo objeto es producir un efecto jurídico". Este autor menciona que en la declaración de voluntad particular, los autores del negocio no necesitan utilizar la fuerza de la autoridad Pública, con la intención de producir un efecto jurídico consistente en el nacimiento, la extinción y la modificación de un derecho. Nicola Coviello sostene que el negocio jurídico es "la manifestación de voluntad dirigida a producir consecuencias jurídicas, para hacer nacer, modificar o extinguir una relación jurídica". Define el negocio jurídico, Salvador Publiatti, como "un acto de voluntad libre, que tiende a un fin práctico tutelado por el ordenamiento jurídico, y que produce como consecuencia, de tal tutela, determinados efectos jurídicos". En opinión de Matteo Ferrante, es "acto de ejercicio del contenido de una facultad jurídica".

En la definición del negocio jurídico, como ejercicio de un derecho subjetivo, está naturalmente implícita su consideración como "un fenómeno de autonomía privada", por el que "se crean o configuran libremente las relaciones jurídicas".

La causa indica el punto de encuentro de la voluntad con el ordenamiento, es la manifestación de voluntad quien permite al hecho la "aparición en el mundo del derecho".

La influencia de Savigny en llamar a los hechos humanos voluntarios, declaraciones de voluntad, hicieron fortuna del término que fue adoptado por diversas legislaciones. La técnica francesa sólo habla de actos jurídicos. En el caso español, se atribuye a F. Sánchez Román, seguido por otros civilistas, la utilización de esta expresión. En la actualidad es ya corriente la frase negocio jurídico.

Los negocios jurídicos representan el "imperio de la voluntad de los particulares en las relaciones jurídicas". Castán Tobeñas define al negocio jurídico como "el acto integrado por una o varias declaraciones de voluntad privada, dirigidas a la producción de un determinado efecto jurídico". El derecho objetivo concede a la voluntad de los hombres un amplio poder para constituir y regular las relaciones jurídicas, la exteriorización, por medio de una manifestación o declaración de voluntad, es lo que constituye el fondo esencial del negocio jurídico.

Algunos sistemas jurídicos piensan que el orden más adecuado para las relaciones privadas de los individuos, es el que ellos establecen en armonía con su modo de concebir sus necesidades y con sus peculiares aspiraciones y manera de pensar. Por eso concede al sujeto un amplio poder para estructurar tales relaciones jurídicas, según su propia voluntad declarada. Corresponde a la declaración de voluntad, por sí sola o en unión de otras, constituirse en fundamento del efecto jurídico y el hecho que lo produce se llama negocio jurídico; la voluntad se conoce sólo al exteriorizarse. Para que la voluntad alcance significado jurídico, no basta con que exista interiormente, sino que se requiere "ser exteriorizada o manifestada". Es decir, se "atiende a lo declarado y no a lo querido".

En la aplicación del principio de autonomía de la voluntad, la Ley permite a los particulares, "crear negocios nuevos, no regulados especialmente en ella; al crearlos, deben observar las normas dictadas para el tipo genérico del negocio".

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Fuente:
Revista española de Derecho del Trabajo, número 124. Páginas 640 - 643.